11 Buenas costumbres que estamos olvidando los guayaquileños.

Te sentirás identificado…

gye

La semana pasada iba en el bus de la 65, rumbo al trabajo y se subió una señora de edad avanzada, ésta estuvo parada algunos minutos en la parte delantera del colectivo, esperando algún asiento y  de las personas que estaban cerca, ninguna le cedió su puesto. Ningún hombre, ninguna mujer. Yo, estaba parándome para cederle el mío (mi asiento estaba particularmente lejos de donde estaba ella). Cuando de repente un hombre de unos 50 años que estaba muy cerca le dio el suyo. (Alivio). Estuve a punto de pensar de que no habían caballeros, ni gente amable en ese bus.

Esta pequeña situación se me quedó en el pensamiento y no olvidé el momento en que esta señora miraba a la gente, queriéndoles decir que necesitaba donde sentarse. En ellos, solo vi egoísmo, indiferencia y falta de cultura. No es la primera vez que veo esto, se ha hecho cada vez más común, en la calles, en los hospitales, en el trabajo, en la casa. Esta forma de comportarse de a poco va quedándose en la actitud de los guayaquileños como si fuera normal, como si fuera correcto y como si fuera algo bueno. Soy guayaquileña y lo que digo es lo que actualmente sucede, estamos perdiendo aquello que nos hacía tan queridos. La compasión y la amabilidad que nos caracterizaba se nos irán desvaneciendo si no hacemos de ellas un hábito.

Hice esta pregunta en las redes sociales:

¿Qué buenas costumbres creen que se han perdido entre los guayaquileños? 

Y estas fueron algunas de las respuestas

facebook

Y así hay más situaciones, muchas, muchas más en las que he pensado en que hemos perdido las buenas costumbres. ¿Qué le pasó al guayaquileño educado, cercano y amable? Lo digo por los hombres y mujeres que viven en Guayaquil que han dejado de lado el amor por su ciudad, que se han olvidado de la humildad, que han olvidado ayudar al prójimo, que se han alejado de la familia y que ya perdieron la conciencia de lo que significa el respeto. No me digan que no han notado el cambio, -no vale mentir. Sabemos de lo que estamos hablando, no es una simple historia. Es una realidad que vivimos día a día y a la que desafortunadamente ya nos hemos ido acostumbrando.

Aquí van 11 situaciones donde el guayaquileño está olvidando sus buenas costumbres:

1.- Saludar y dar las gracias.

Post-it GRACIAS

No estoy segura si nos hemos vueltos arrogantes, o nos estamos volviendo personas inseguras  pero sucede que entramos a un sitio  y no saludamos. ¿Cuál es el motivo para no saludar? No importa si no te contestan, ahí te das cuenta que el único educado eres tú. ¿En nuestro saludo consideramos a todos? Aún quedan personas que dicen: “Buen día” al subir al bus, que saludan al guardia que siempre ven en la puerta del edificio, que saludan al conserje de la Universidad. Son esos pequeños detalles, las cosas sencillas que nos hacen humildes y a la vez grandes.

Tampoco decimos gracias. ¿Es el apuro? ¿O es obligación de la gente servirnos? Sea cual sea el lugar, la palabra “gracias” quiere decir que la otra persona ha hecho algo por ti y que tú eres capaz de reconocerlo y hacérselo saber. Tip: No esperemos que nos agradezcan siempre y todos. Un buen guayaquileño hace las cosas sin andar esperando algo a cambio.

Algo más: Saludar y dar las gracias no son costumbres anticuadas, son gestos de personas consideradas.

2.- Comer en familia y hacer la sobremesa.

sobremesa

El momento de compartir la mesa, siempre será especial para un guayaquileño. Ese momento en que todos hablábamos, nos reíamos en la mesa, lanzábamos alguna broma. Tengo 25 años y siempre querré poder tener un almuerzo o una cena con mi familia completa.  No digo que debe ser siempre, pero debe existir ese espacio en el hogar y no solo reunirse sino también conversar, conversar de nosotros, de nuestras vidas, de todo lo que se nos ocurra.  Pero al parecer le hemos dado prioridades a otras cosas, casi no pasamos en la casa. O ya no es tan importante conversar mientras comemos porque para eso tenemos whatsaap. Yo creo que nada puede reemplazar ese momento de convivencia familiar. Nada. ¿Y si nos proponemos hacernos tiempo para comunicarnos, para socializar, para planificar, para reírnos, para pedir consejo mientras compartimos la comida en casa? ¿Es mucho pedir? Sé que tenemos muchas ocupaciones y que no tenemos el tiempo que quisiéramos pero desgraciadamente este puede ser uno de los pocos momentos en el que la familia se puede reunir. Por todo lo que nos aporta este momento de paz familiar no perdamos esta buena costumbre.

3.- La hospitalidad y la cortesía con los extraños.

extraños

Sé que no es fácil, sé que ahora no es sencillo portarnos amables con algún extraño. Sé que nos hemos vuelto desconfiados, porque ahora tenemos miedo. Miedo por la delincuencia, miedo a que abusen de nuestra hospitalidad, miedo a que rechacen nuestra ayuda. Hay mucho miedo y me incluyo. Pero no podemos dejar que el miedo nos gane, nos controle, nos robe la identidad. El guayaquileño es madera de guerrero, ¿verdad? Se enfrenta al miedo pero con astucia y con prudencia. El guayaquileño tiende la mano, regala una sonrisa cálida, se preocupa por el otro. Así que en la próxima ocasión aunque tengamos miedo, vayámoslo superando poco a poco, enfrentémoslo, con una mirada amable, ofreciendo ayuda, cediendo nuestro puesto, pero sobre todo no siendo indiferente ante la necesidad de la otra persona.

4.- La autoridad de nuestros padres.

papas permiso

Ahora no respetamos “tanto” a nuestros padres como antes. Antes ellos tenían más autoridad y control sobre nosotros. Actualmente la relación padres-hijos se ve más relajada y como opinión personal creo que eso no nos está trayendo buenos resultados. Los padres pierden autoridad frente a los hijos y los hijos abusan de la libertad que les conceden los padres. Yo sé que esta idea no aplica para todos los casos y sé que hay muchos factores de por medio donde cada familia se maneja, vive y tiene realidades diferentes. Pero es evidente que ya no se tiene el mismo respeto que antes.  Y el respeto nunca pasará de moda y no dejará de ser algo importante. Creo que los guayaquileños debemos apreciarlos más, escuchar su punto de vista, abrazarlos más aunque las cosas no estén bien en casa. Aunque ni siquiera estemos orgullosos de ellos, no olvidemos que por algo están en nuestras vidas y que nadie nace sabiendo cómo ser padre.

5.- Las conversaciones en el parque.

parque

De verdad, ¿No las extrañamos? Estar afuera en algún parque, sentados en un banco, quedarnos hablando horas porque se nos pasa el tiempo tan rápido allí, mientras vemos gente caminar, mientras oímos el trajín de la ciudad, el cantar de los pájaros o el sonido de los carros. Esas eran las mejores conversaciones, ya sea que fuere con tu mejor amiga, con tu novio, con algún familiar. El guayaquileño ya no se da el tiempo para esto, para relajarse así, estas conversaciones en el parque eran una especie de terapia, eran tan liberadoras (del estrés, los problemas, de los malos días). Ahora contamos mas nuestros problemas por facebook , whatsaap u otras redes sociales. Es cierto las redes sociales son más rápidas, es más fácil comunicarse pero no tiene la misma efectividad. Sé que sueno muy de la vieja escuela pero no me culpen, quien ha tenido conversaciones en el parque y usa también las redes sociales entenderá la gran diferencia.  La interacción cara a cara es la clave. Y si es que no han tenido la oportunidad los invito a salir con un buen amigo y disfrutar de uno de los pequeños placeres de la vida. Tener una bonita conversación en el parque, esas en las que antes el guayaquileño disfrutaba mucho.

6.- Jugar al aire libre (en la cancha/barrio/parque)

niños parque

Esto ya no se ve mucho, ahora aprecio poder observar a los niños jugando en el parque, viéndolos en los columpios o jugando en la tierra. También da gusto ver a los adultos jugando volleyball en la cancha del club o haciendo cualquier deporte al aire libre. ¿Por qué? Ustedes lo saben. Ahora pasamos pegados a las pantallas comunicándonos, jugando en línea, poniéndonos al día con la vida de los demás, leyendo noticias etc.  No está mal pero paremos un poco.  De verdad, ¿no nos cansamos? Antes el guayaquileño podía hacer todo eso de formas diferentes. Despeguémonos un poco del teléfono y salgamos a disfrutar del mundo que tenemos, disfrutemos el sol, juguemos en los parques, hagamos deporte al aire libre, vayamos a columpiarnos como cuando éramos pequeñitos. Veo parques abandonados, sucios, que ya no le sirven a nadie. Es una pena ver esos escenarios olvidados porque estamos muy pegados a la tecnología.

7.- El respeto a los mayores.

persona mayor

Cada vez están siendo más ignorados. ¿Se han fijado? No todos, todavía hay personas que los consideran y los aprecian. Pero el problema radica en que la mayoría los va viendo como incapacitados, inútiles y fastidiosos. Suena duro pero así es. Tenemos que pensar que ellos son en lo que nos convertiremos si llegamos a tener la dicha de vivir por mucho tiempo. ¿Por qué nos cuesta tanto saludarlos, cederles nuestro puesto, ayudarlos a caminar, escucharlos? Posibles respuestas: ¿Será porque no está de moda ser solidario con ellos?, ¿Será porque me veré ridículo caminando lento junto a él?, ¿Será por el qué dirán?. Aclaremos, el guayaquileño tiene personalidad. Sabe como debe tratar a un adulto mayor, es cosa de sentido común, no hay que darle tanta vuelta al asunto.

8.- La paz en los estadios.

equipos ecuatorianos

La violencia en los escenarios deportivos que se nos ha vuelto común, ya no pueden ir las 2 barras juntas porque se vuelve una trifulca. Aquí hay algo importante por decir, hemos llegado a un fanatismo enfermo malsano violento con respecto al futbol. Repito, no ando generalizando, yo también soy guayaquileña y tengo a mi equipo favorito. Solo les pido algo: No nos estemos matando, rompiendo amistades, insultando a la pobre madre por cuestiones de fútbol. El fútbol es solo entretenimiento, debe ser divertido, es solo un juego. No lo confundamos con la vida misma. La industria de este deporte se ve muy beneficiada por el fanatismo. Entiendo que es una pasión para muchos pero no nos convirtamos en esclavos de nuestras pasiones. Seamos guayaquileños con cultura de paz y amantes del buen deporte.

9.- Los domingos familiares. 

domingo familiar

Puede que a veces parezca que hay mil cosas más importantes que un momento de convivencia con la familia, sin embargo, dicen por ahí que no importa tanto a dónde llegas en la vida, sino con quién lo haces. Los domingos familiares se encargan de recordarte que no estás solo contra el mundo. Un buen guayaquileño le dedica tiempo a su familia, quizás no necesariamente todo el domingo, pero puede ser ir a misa dominical juntos o ir todos en la mañana a comer un rico encebollado.  El guayaquileño es cálido, amoroso, alegre con la familia, la cuida, la sabe apreciar. A pesar de que estemos con poco tiempo volvamos a dedicarle un espacio a nuestra familia los domingos, en el futuro agradeceremos haber podido tener esa instancia con ellos.

10.- Escribir correctamente. (perdimos la ortografía)

ortografia

Aquí hemos caído muy bajo y lo saben. Ya no escribimos correctamente y en donde más se ve esto es en las redes sociales. ¿Se han fijado que poquísimas personas revisan la ortografía de sus textos? Lo diré: Ahora los guayaquileños escriben como quieren.  Les dejaré esto por aquí:

“Si me gusta tu ortografía es porque me sugiere que sabes poner las cosas en su lugar, que puedo confiar en ti porque quien respeta hasta la forma correcta de escribir una palabra, seguro sabrá respetar cosas más importantes en la vida.” ANONIMO

Y no solo eso, ya hemos dejado de escribir cartas de amor, hemos dejado de poner sobre papel nuestros sentimientos. Tip: Como mujer déjenme decirles que recibir una carta de amor escrita con puño y letra es una de las cosas más románticas que pueden haber.

11.- Cuidar nuestra ciudad, Guayaquil.

9DE OCTUBRE

¿De verdad nos preocupa nuestra ciudad? Parece que ya no tanto. Andamos tan frescos botando basura en plena calle. Botamos papelitos, botellas de agua, fundas de comida y hasta la misma comida va al piso. Y como si nada,  actuamos como si nuestras acciones no tuvieran repercusión en la ciudad. Guayaquil se ensucia día a día con lo que botamos en la calle. También tener nuestros barrios sucios, los parques llenos de maleza y basura, todo eso habla de nosotros. Una persona de afuera puede llegar a un sitio como estos y lo primero que creerá es que el guayaquileño vive sucio y no cuida ni su vecindario. Se supone que esa no es la imagen que queremos dar pero terminamos dando esa impresión.

Que el recordar todo esto no nos traiga nostalgia y que mas bien nos ayude a hacer conciencia (me incluyo) de nuestra identidad, de las buenas costumbres que se pueden rescatar y afianzar.

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